Alergia a la Anestesia

«Me opero próximamente y resulta que cuando fui al dentista y me pusieron anestesia, me dio taquicardia y me sentí ahogado. Me dijeron que soy alérgico a la anestesia y eso me tiene preocupado.»

Lo anterior es una situación clásica. Muchos pacientes refieren alergia a la anestesia porque sintieron eso en el dentista. Afortunadamente eso no es una alergia y tiene otra explicación muy sencilla.

La alergia se define como una hipersensibilidad a una particular sustancia que, si se inhala, ingiere o se toca produce unos síntomas característicos. En el caso de los anestésicos locales de mayor uso actualmente, el tipo amida, como lidocaína, bupivacaína y ropivacaína, la alergia es muy rara.

En el dentista, lo habitual es que la anestesia tenga un agregado vasoconstrictor, generalmente adrenalina. Esta es la que, al ser absorbida o inyectada directamente en un vaso sanguíneo, produce taquicardia y sensación de ahogo.

A pesar de esto, como en anestesia se utilizan muchas drogas en un período muy corto de tiempo, igual pueden existir reacciones alérgicas (o anafilácticas [artículo en wikipedia bastante malo e inexacto en todo caso]), las cuales desafortunadamente no se pueden preveer cuando no existen antecedentes. Tampoco se hace un análisis para ver si uno es «alérgico a la anestesia».

Las reacciones anafilácticas o anafilactoídeas durante un procedimiento quirúrgico son causadas generalmente por algún antibiótico o un relajante muscular (rocuronio por ejemplo), analgésicos (metamizol) o, cada vez más frecuente, por látex (en los guantes quirúrgicos). El anestesista a cargo debe ser capaz de detectar esta complicación y tratarla adecuadamente. Lo habitual es que si esto ocurre, no haya mayores complicaciones. Sin embargo, un bajo porcentaje puede tener complicaciones graves a pesar del manejo, con riesgo vital incluso.

¿Qué puede hacer el paciente para disminuir los riesgos?

Lo principal es conocer las alergias que tiene y mencionarlas siempre. Son importantes las alergias al látex (globos, guantes, preservativos), al huevo, mariscos y otros alimentos, al yodo y a cualquier medicamento.

Y siempre asegurarse que el médico anestesiólogo a cargo está acreditado, adecuadamente capacitado, con sus títulos validados. Y confiar.