Manejo del dolor postoperatorio

El dolor es una reacción que nos ha salvado la vida desde que aparecieron los primeros organismos celulares. Pero en el escenario de una cirugía, el dolor no es útil y por lo tanto, debiese ser siempre evitado y/o tratado. Algunos pacientes temen a la anestesia, otros a las complicaciones y otros al dolor, el cual, en desde un punto de vista de calidad, también es una complicación.

Para manejar el dolor, debemos tener un plan generado antes de la cirugía y acercarnos desde múltiples frentes. Esto debe conversarse en la visita preoperatoria con el anestesiólogo a cargo y desde ahí empezar con las medidas que mitigarán el dolor después de la cirugía.

Las medidas que se pueden utilizar en el preoperatorio para ayudar en este sentido son el uso de analgésico orales o endovenosos, con el fin de bloquear el sistema del dolor antes que se active. Estos analgésicos también se utilizarán en el intra y postoperatorio. En el caso de cirugías menores, en que el dolor es leve, bastará con lo anterior vía oral. Si el dolor previsto es mayor, se utiliza la vía endovenosa.

Según la Escala de Manejo del Dolor de la Organización Mundial de la Salud, en caso de cirugías más grandes, en que se espera más dolor, debe agregarse a lo anterior otras medidas. Los opiáceos son una de las armas terapéuticas más utilizadas, principalmente debido a su gran beneficio. A pesar de tener algunos efectos colaterales y complicaciones que hemos tratado anteriormente por estos lados, no existe ninguna droga mejor que estos, ya que, a diferencia de los analgésicos no esteroidales habituales (metamizol, ketorolaco, ketoprofeno, etc.), no tienen un techo de acción. A medida que vamos administrando irá cediendo el dolor, mientras los AINES llegan a un nivel donde ya no sirven. Lamentablemente, a medida que se aumenta la dosis, aumentan las complicaciones y efectos colaterales, lo que lleva a que sean subutilizados.

Lo importante de los analgésicos utilizados hasta esta etapa es que deben ser administrados adecuadamente (en dosis y frecuencia) y se debe esperar un tiempo prudencial para ver su efecto. No espere que a los 2 minutos de tomado el comprimido de Paracetamol, el dolor ceda. Tampoco espere a que haya dolor para tomarlo. Hay que adelantarse.

Cuando prevemos un dolor aún mayor o no deseamos utilizar opiáceos, existe la opción de utilizar anestésicos locales para bloquear las terminaciones nerviosas. Es lo que denominamos bloqueos nerviosos, y puede ir desde una simple infiltración local de la herida (que actúa sobre las terminaciones sensitivas), luego bloqueo de distintos nervios y ramas, hasta bloqueos del neuroeje, lo más habitual una anestesia peridural con catéter. La gracia de estos bloqueos es que permiten no sólo dar analgesia para el postoperatorio si no que también anestesiar para la cirugía misma. La duración del anestésico local variará según el tipo de infiltración o bloqueo realizado, tipo de droga y drogas coayudantes utilizadas. La duración puede mejorarse si se deja instalado un catéter para infiltración continua o administración de nuevos bolos de anestésico. Esto debe conversarse derechamente con el anestesiólogo a cargo, porque implican procedimientos extras que alargan el tiempo quirúrgico y/o los costos.

Nunca hay que olvidar otras medidas anexas que sirven para disminuir el dolor. El uso de frío local, elevación de la zona operada en caso de cirugía de extremidades, relajantes musculares, uso de música o televisión para relajar o, en el caso de niños, distraer, la estimulación cutánea (el simple sobado de la zona dolorosa) y otras por el estilo pueden usarse sin riesgo y algunos trabajos muestran que podrían tener un grado de beneficio.

Lo importante, entonces, es conversar con el anestesiólogo el dolor esperado (basado en experiencias personales del paciente y la experiencia del médico en casos similares) e idear un plan de tratamiento básico y uno de rescate en caso que este no funcione.

Si tienes dudas, las esperamos en los comentarios.