Intubación difícil

Una de las técnicas que definen a la Anestesiologia, aunque es utilizada por varias otras especialidades en diversos contextos y escenarios, es la intubación endotraqueal, de la cual ya hablamos en otro post. Con ella, se logra colocar un tubo endotraqueal (de PVC) en la tráquea del paciente, el cual permite controlar la ventilación y entregar gases anestésicos. Pero existe una eventualidad en esta técnica denominada Intubación Difícil, la cual se define simplemente como una intubación que no es posible de lograr por un anestesiólogo entrenado en 1 o 2 intentos, utilizando la técnica de intubacion clásica básica.

La intubación difícil puede ser sospechada antes de la anestesia o no ser diagnosticada hasta el momento de intubar, lo cual nos sitúa en dos contextos distintos: una situación tranquila y con tiempo (cuando hay sospecha o diagnóstico previo) versus una bastante estresante y con poco tiempo (cuando se encuentra al momento de intentar intubar). Esto porque si la imposibilidad de intubar a un paciente se asocia a la posibilidad de no ventilar con mascarilla fácil nos pondrá en el peor escenario que debe enfrentar un anestesiólogo: la no ventilación- no intubacion (Nv-Ni). En términos simples, si no podemos ventilar ni intubar al paciente (que se encuentra paralizado y con drogas que le impiden respirar por sus propios medios), rápidamente sufrirá hipoxia, daño cerebral secundario a ella, y al final de una cascada de complicaciones, asistolía y muerte. Obviamente algo que nadie quiere….pero que puede suceder.

Como decíamos, hay dos posibilidades: que descubramos esta condición antes de dar la anestesia, lo que nos permitirá manejarla adecuadamente, o que la descubramos luego de la inducción anestésica, lo que nos obligará a manejarla lo más rápido posible con lo que haya a mano.

La primera opción es la mejor, ya que nos da tiempo de planear y conseguir lo que necesitamos, o por último, suspender y aplazar la cirugía. Nos permite realizar técnicas de intubación con el paciente despierto, respirando por sus propios medios, o intubarlo utilizando un fibroscopio, que nos permite ver hacia donde vamos y dirigir el tubo. Existen muchos índices, cuestionarios y pequeños exámenes físicos que pretenden predecir si una intubación será fácil o difícil. Por ejemplo, mírese al espejo y vocalice una «A». Si logra abrir grande la boca y verse el fondo de la garganta y la úvula, hay altas probabilidades de ser fácil de intubar. Al contrario, si no abre mucho la boca (menos de dos dedos) y sólo ve lengua o paladar, puede haber riesgo de ser difícil de intubar. Esto se llama Escala o Puntaje de Mallampati. Y hay otros más, a gusto de cada uno.

La segunda posibilidad ya no es una opción, es una eventualidad que puede ocurrir, debido a que el problema es que ninguno de los estudios, escalas y puntajes de predicción que mencionamos es 100% efectivo. Existen protocolos (que deberían existir en cada institución) que deben seguirse para tratar de resolverla lo mejor posible. Las posibilidades de manejo van desde despertar al paciente y suspender la cirugía, a una traqueostomía de emergencia, pasando por el uso de distintos dispositivos que facilitan la intubación. El peor caso es la muerte del paciente cuando esto no se logra. Todo dependerá del grado de dificultad de la intubación, el material y equipo con que cuente el anestesiólogo y su experiencia y grado de entrenamiento en el tema. El manejo, al ser de urgencia, puede resultar con otras complicaciones, como por ejemplo, la pérdida de piezas dentales. Pero «mejor perder un diente que la vida».

En caso de resolverse favorablemente, es imprescindible que se le avise al paciente esta complicación, para que la tenga siempre en mente y la informe en siguientes cirugías.